![]() Hasta donde alcanza la vista, domina la meseta manchega el orden simétrico de las cepas. En el campo de Valdepeñas el hombre rinde un homenaje a a la viña llevando la bodega a sus pies. No es para menos cuando un viñedo grande -1000 has- es capaz de abrirse paso en una denominación pequeña.
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bello nombre que refuerza la sospecha de hacerse entre sus paredes un vino de calidad.
En Valdepeñas, la horizontalidad del paisaje solo queda alterada por las primeras estribaciones de la Sierra de Alcaraz, que se divisa a lo lejos entre las encinas y el verdor de los bosques. Casa de la Viña, que se encuentra en termino municipal de Alambra, al pie de la sierra del mismo nombre, forma parte de esta geografía del vino, paraje poco poblado, de paisajes rurales y cinegéticos, aires secos del estío y pueblos que parecen alejarse al ir a su encuentro.
La amplitud del espacio se refleja a la perfección en las casi 3000 hectáreas de esta finca, principalmente vitícola, con unas condiciones especiales para estar en la D.O. Valdepeñas, debido a su situación entre los 700 y 800 metros de altitud. Desde que se abandona la bodega, en el kilómetro 14 de la carretera, y se toma el camino en dirección a Villanueva de los Infantes, todo el viñedo que queda a la derecha durante seis kilómetros, más otra extensión importante a la izquierda, es territorio de Casa de la Viña. La explotación esta dividida en dos parcelas, La viña de la Casa y El Carrascal, y de este a nordeste, discurre por su territorio, el río Azuer, que ayuda, si la sequía no lo impide, a aumentar el grado de humedad del subsuelo.
Es éste, de siempre, lugar de vinos. Vinos que fueron bebidos en la Corte del siglo XVII, de los que han dejado constancia, alabándolos o despreciándolos, viajeros como Richard Ford o el marques de Langle, cuna de hidalgos y literatos, que dio entre otros al genial, burlón pendenciero Francisco de Quevedo, al que, cuando agonizaba, preso en la Torre de Juan Abad, víctima de la sangría de un barbero, las autoridades le dejaron volver a su casa donde recupero la salud ayudado, seguramente, por los Vinos de su tierra.
En Villanueva de los Infantes, su pueblo natal, se ha conservado mucho de la estética del pasado, con sus calles tranquilas de edificios castellanos pintados de blanco, guardados por rectas y señoriales puertas de hierro y madera.
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